La moneda al aire...

Kena se reprochaba de pie frente a las calmadas olas del mar Floridano, si había hecho suficiente para salvar a Kaleb. Ella nunca fue buena hermana a pesar de haber nacido en el mismo momento y del vientre de la misma mujer; La vida les había puesto muchos retos desde el primer día, primero por haber sido prematuros y luego por llevar la sangre de una portadora de VIH contaminada por negligencia en una Clinica de donación sanguínea.
Kena era débil pero ingeniosa, Kaleb era testarudo e inquieto. Ella llevaba el cerebro en ese equipo una vez que su madre perdió la batalla, y así Kaleb renuncio a vivir.
La falta de interés y la agresividad de sus actos llevaron a Kena a mudarse mas de una vez buscando una oportunidad tras otra para su adolescente hermano; Ella hacia tiempo que había madurado, y su Padre que no fungía mas que como patrocinador, prefería pagar las cuotas pero tenerlos lejos. Kena nunca lo perdono, y a Kaleb prefería ignorarlo en sus malas proezas, pretendiendo ayudarlo sin tener casi nunca una conversación, aunque reconocía la hora de mudarse una vez que los colegios del área se habían agotado. Expulsado múltiples veces, Kaleb fue dependiendo de antidepresivos y sedantes para la ansiosa hiperactividad que como un globo, estiraba su sistema nervioso hasta hacerse frágil.
El día familiar de cada año era la Navidad, donde pasaban con su Padre y su nueva familia, la cena hasta nochebuena y luego volvían a su ciudad en turno. Kena tuvo una mala noche y durmió medio el día antes de viajar hacia el festejo; Cuando despertó Kaleb la esperaba ansioso argumentando emoción por el regalo que le había preparado a su Papá y que cargaba celosamente en una caja dorada con nochebuenas. Las dos horas y media hacia el Pueblo Kena manejo sin mas conversación que la música del reproductor del auto. Y llegando a la casa Kaleb descendió apresurado llamando a gritos a su padre, que apareció furioso exigiendole otros modales para saludar. Kaleb le extendió los brazos y le dijo que nunca mas lo haría enojar, mostrandole la caja de regalo a unos metros de distancia, exactamente a la mitad de los dos se dejo caer de rrodillas para abrir el regalo pidiéndoles un momento para mostrarles lo que era. Solo segundos le tomo y Kena vio caer de inmediato a su padre tras la ensordecedora detonación de un revolver, luego Kaleb la miro y le dijo con alivio reflejado en sus ojos: -"Le diré a mamá que fuiste buena conmigo"-
Dirigiendo el revolver a su boca.


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