La niña...




Recuerdo perfectente la sonrisa de la niña; Vivia en la magia de un juego y se escondía tras la alegría. Nadie veía escabullirse a la pequeña diablilla, pero todos disfrutaban cuando ella aparecía; resultado del aununcio del postre de alguna tía, aunque nunca terminaba era gran algarabía. Los enormes ojos grises del abuelo de la niña, se tornaban arcoiris tras sus muchas picardías. Y soñaban y planeaban y la nostalgia venia, la vida corría de prisa entre mil rosas y espinas, tras los pasos de la niña que desbordaba energía. Así corrieron los años y así el jardín la envolvía, la atrapaba entre sus risas el canto de las golondrinas. Y una brisa matutina en torno de la rutina, una memoria enclavada de la infancia desprendía, y al suspiro del ocaso la niña se despedía, colgada tras las ventanas embriagaba a la familia, cuando entre muecas y risas la noche los envolvía. El jardín siempre la añora, y el viento esparció sus risas; Las macetas de la abuela florecen sin incidentes, y entre los lirios ocultos los juegos siguen aucentes. Tanta quietud es presagio de una mañana silente, la pequeña se transforma aunque el jardín se impaciente, aunque el rocío y la tierra ansían las huellas pendientes, y los temerosos grillos aprendieron a quererle. La marmota abrió el cascajo, la mariposa esta en vuelo , a pesar de la armonía, se oye un grito del abuelo: " ¿que ha pasado con la niña, con las risas, con su juego?
El silencio por respuesta fue la sentencia del tiempo.


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