Purgatorio de novela




Hoy que me di permiso de extrañar, note que no es un misero momento, es lo que te produce interiormente el hecho de vivir un sentimiento.
Me imagine estando justo ahí, cerré los ojos y me envolvi en silencio dejando por completo quien soy hoy, volví a la inmadurez del sufrimiento.
Pero por ordinario que esto suene, también volví al estado mas genuino, en donde el mundo con sus imprudencias no represento en mi peligro alguno.
Mire de lejos la fotografía colgada con honor a una repiza donde la infancia me paso soñando, difuminando mi memoria a prisa.
Sentí la magia inmersa de inocencia cuando ilustrando un universo propio
el papel como cómplice sin limites permite libertades sin cerrojos.
Se adquieren cosas que al irse la infancia se pierden cuando todo tiene un precio, un gran abismo entre la libertad o triste esclavitud de la abundancia.
El equilibrio solo se limita a los versos de un libro de historietas que cuenta como Ilusion de profetas un futuro con muchas esperanzas.
Y por fin me infiltre entre las gavetas que siempre restringían a los curiosos, y note que el guardián nunca fue el perro y no exitian cohetes misteriosos.
De pronto sumergida en mis recuerdos puede entender por fin esas miradas que no significaban mas que el precio de camuflar verdades que pesaran.
Misterios mas allá de reyes magos o el mismo santa clos de comerciales,
que en cicatriz no cura un cirujano,
misterios de dolor imperdonables.
Fue justo cuando el limbo de emociones desbordaron sosobra e incoherencia para dejar denuevo entre las sombras la razón de haber perdido la inocencia.
Entonces prohibí a mi memoria que exede libertades si recuerda, no solo la dulzura de la gloria si no a ese purgatorio de novela.


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