A veces la soledad nos atrapa de forma tan aprehensiva que las memorias y los fantasmas de la culpa resultan única compañía.
Los días en que el sol te da a la cara iluminandote cuando deseas oscuridad realmente no significan ninguna señal emotiva y pasamos directo al escondite de la distancia y la evasión ignorando por completo que detrás de aquellos rayos insistentes y tras nuestra acelerada huida, realmente se esconde la realidad, la respuesta, la vida que no espera a que las dudas se disipen y por las q perdemos tanto tiempo en aceptar y no solo eso, en enfrentar.
A pesar de lo que pareciera una profunda soledad que acuchilla el alma y la envenena de una forma dolorosa, su ponzoña suele ser mas sorprendente que la de un animal, haciendo efecto en el futuro inmediato de nuestro andar, cuando después de pisar y tropezar, definitivamente fortalecemos nuestros pasos con la precaución que genera una lección sobre el instinto, y la sombra precavida de cada anécdota vivida.




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