La transfiguración del amor




He nacido en la genuina realidad de un sentimiento, soy la palma que acaricia tus momentos, el etéreo bamboleo entre dos almas y la lagrima que baña un desaliento.
Un suspiro entre la sombra del recuerdo que a los años va añorando recelosa.
Soy amor por que al impacto del apego dejo huellas invaluables de ternura en la mirada que fabrica la dulzura y las sonrisas que se escapan de la nada.
Causo efectos bipolares sin excusa, cuando suelo ensombrecer con mi nostalgia, luego estallo con destellos de locura al sonido de una extrema carcajada.
He nacido en la pureza de algún vientre... y cuando nada se asemeja a este milagro, me refuerzo en los abrazos protectores que hipnotizan, fortalecen y restauran.
Soy el mas longevo de los sentimientos y la fuente en que fusionan las esencias, la energía de un secreto inagotable en el espíritu inherente al esqueleto.
Tanto como el infinito y de la mano, no me he ido ni me escondo o aparezco, no deseo que me vivan por la fuerza, pues soy núcleo infranqueable del desprecio.
Soy amor para el lenguaje de las normas, aunque no hay definición cuando se vibra, como el odio que apostando su dominio, se sofoca se disipa y se transforma.