Creo en el corazón y sus latidos



Son siglos de insistencia del diablo y sus teorías 
en comunión al miedo y la fragilidad, 
el ángel de la Guarda de los remotos sueños 
se fue difuminando junto a la ingenuidad.
Llegaron las plegarias de alianzas entre flores 
y con difusos cantos en plan de armonizar, 
aunque a disgusto avaro del dominio fascista, 
quebrantaron por brujas, almas de libertad.
El fervor de los fieles que imploraban favores 
a cambio de milagros para su redención, 
hechizaron su esencia junto a su ideología 
por un vil terrorismo de atroz inquisición.
Reino el absolutismo y brutal convencimiento, 
se obligo al secretísimo lo que fue un sacramento, 
convirtiendo los credos cautivos del silencio 
sofocando la fe con el remordimiento.
Y a pesar de los siglos mitigando cadenas, 
se torno heterogéneo lo que fue singular; 
se fragmento el núcleo que nos conecta al cosmos 
complicando el enlace a nuestro don natural.
Saturados de dudas, apatía, religiones,
y un cerco de mentiras cubriendo la verdad, 
optamos con recelo fluir entre latidos 
confiados en un cuerpo que al fin va a colapsar.
La materia en que viajan criaturas por el mundo 
poblando este planeta con tanta restricción, 
es prodigio asombroso, muy carente de aprecio 
cuando se hizo habitual tanta fascinación.
Despedimos el mundo con heridas punzantes 
por tinieblas que al alma le hicieron tropezar, 
dejando en cicatrices prejuicios por herencia 
distrayendo el camino de luminosidad.
Sin embargo en reposo y sin poner resistencia, 
todos experimentamos esa infinita paz, 
algunos que la eligen e indagan mas a fondo 
descubriendo inspirarse para sincronizar.
Otros les llaman sueños, deseos y hasta enajenaciones, 
huyendo pretenciosos ante su sobriedad, 
llevándose de todo sintiendose vacíos, 
hasta el agobio mismo de su necesidad.
Se llenan los bolsillos, carentes de ilusiones, 
enfocando su esfuerzo al todo material, 
hasta que la tragedia de su ávida existencia
les llena la memoria de burda soledad.
Jamas se vio que el tiempo se detenga entre lapsos 
y haga de la arrogancia lección de caridad, 
para mostrar en vida lo que valor requiere 
respaldando al vehículo del alma al declinar.
Se escapan las palabras cuando tocan el viento,
 así son los espíritus rebosantes de paz, 
fusión del universo que siempre fue entrañable,
 molécula en la cúspide de la divinidad.