El tiempo y su pasión





¿Desde cuando se hizo pensable lo indispensable?
Es como vivir en tercera dimensión y crear un holograma de nosotros mismos.
Equivocarse es la pócima de un mago llamado lección.
Sabemos que esta mal pero lo hacemos y sabemos que al colapsar también lo inevitable será un cambio radical para el que jamás nos preparamos, sin embargo la adrenalina y el trayecto atrapan ese ser aventurero que vive al día sin detenerse por el miedo como retando a su resistencia con atractivo dominio.
Es tan obvia la claridad como la noche, la luz del día como la luna pero confundimos el propósito del orden según nuestro ideal; disculpamos lo prohibido por conveniente a utilizar, justificamos la revancha por amor y cuanto escude nuestra errática actitud con la ligera convicción del egoísmo en el que no existen mas argumentos que priorizar nuestro jactado beneficio.
Somos exacto lo que juzgamos y no advertimos nuestro reflejo cuando expresamos con ironía el escepticismo a la realidad, mentimos y lo llamamos protección, evadimos y lo llamamos ética, ignoramos horrores y lo llamamos respeto.
La consecuencia esta en la ceguera que nos satura de memorias, y aunque el pasado no es problema por que ya no existe, lo es la insistencia de traerlo a cuestas como una realidad paralela a la conciencia, como una necesidad de sentirlo vivo, como una adicción por recobrar sensaciones de quienes fuimos para auto flagelar nuestra impotencia y no sabemos que el martirio es placentero cuando es precio sobre las sombras del tiempo que nos calma el remordimiento, reteniendo de esa forma la advertencia al continuar aunque sea espacio al absurdo reservado inútilmente a lo que jamas volverá.
La cadena que nos ata entre la realidad y la mentira esta enlazada a toda esa dualidad del corazón, la balanza del bien y el mal que ponen la elección poderosa en nuestras manos para no perdernos en el enfoque de lo que seremos tras lo que fuimos haciendo astral ebullición en el presente donde hacemos erupción como equilibrio por medio del carácter que domina nuestra personalidad.
Se acaba el ayer pero se lleva a cuestas para emprender la incertidumbre del mañana con la mezcla del alma en lucha intensa que proyecta en el tiempo su afición a los dilemas como esencial sustancia para el "hoy"