Miedo





El amor es eso que no entendemos y lo dejamos en manos extrañas por que nos asusta.
Conocemos una mirada que habla directo a nuestro interior y huimos de ella sustituyendola de inmediato por una caricia para cumplir el propósito de tocar para conocer lo mismo que ver para creer el terreno que nos ataco inconscientes y calmar el terror a lo inexplicable que causa todo aquello en un destello de almas que conectan mas que cuerpos.
Y basta con el acto carnal para activar al cerebro y sus naturales pretensiones que comienzan la mecánica confusión entre la magia del alma y las necesidades del cuerpo; por obvias circunstancias creemos dominar mas al cuerpo que al alma por ser quien reclama de inmediato ese sosiego, permitiendo que en la triste agonía de un suspiro el amor se transforme en toqueteo.
Ya no amamos lo que indica el sentimiento, ansiamos lo que indica el pensamiento que solo al recordar la sensación escalofriante de ser manipulados por los cuerpos gozamos y sufrimos de insaciable agonía culpando desde siempre a lo que titulamos amor.
Tan rapido como el primer contacto marcamos el terreno como propio y actuamos por instinto velador con recelo, dejando que en el alma se conciba un placebo como aló de esperanza en el proceso conformista esperando encontrar por ultimo lo que debió ser primero.
Pasamos de los cuerpos a las sombras cuando todo con tiempo se hace historia dejando entre tropiezos los recuerdos. Justificamos cada herida como obvia lección que en construcción de un gran carácter tuvo que atravesar por la tragedia.
Hasta el ultimo día de posesión humana el alma que atravesó un laberinto atrapada en las prisas de un ser imperfecto, exhala con la risa del experto que al reconocer su larga vida y poco tiempo, le devuelve a la tierra su vía de experimento que llamado a disfrutar de su proceso en el cosmos perdiera la mitad de sus deleites culpando al error disfrazado de amor que no fue desde siempre, mas que miedo.