Querido tiempo:


He pensado mucho y sin prisa (al contrario de tu paso) cuanto ha ocurrido por ti. Inicialmente me enfureció tu vehemencia; tomas las cosas a la ligera y pasas como sí nada cuando a veces necesito más de ti para planear, realizar y disfrutar mis pasos; me frustra que seas tan radical y no tengas regreso y pausa, podría mejorar mil cosas si poseyeras esas pequeñas virtudes.
Pensando un poco en la distancia, tienes el placer de manejar mis soledades ocupándome demasiado en extrañar, soñar y volar con mis memorias con las que tardo menos que si decido usarte y viajar a esos destinos... Destinos que quizá ya están vacíos de mis deseos, y llenos de novedades que desconozco y además ya no pertenecen a mi espacio gracias a ti ¡tiempo!
Ya pase de la desesperación a la simpleza moderada de reír sin que nadie sepa por que; ¿comó alguien entendería qué siempre que cayo y sonrió es a ti y nuestra historia?
Arrebatado y suspicaz tornas todo en un nuevo ciclo tras otro cuando apenas me estoy comenzando a acostumbrar y definitivamente no concluyo nada emocional cuando ya me até a un nuevo comienzo. Aprendí de la infancia cuando ya estaba a un paso de la adolescencia, controle mi ímpetu y de pronto llego la juventud, emprendí mil sueños cuando la madurez me planto los pies sobre la tierra y ahora que todo parece una bella historia final de amor y odio entre tu y yo, ya el tic tac me dice que me apresure por que comienzas a acelerarte una vez más...
Ya no te creo nada, ya no sirve de mucho la promesa del futuro cuando el ayer y este momento son simple polaridad de tu personalidad y sus transiciones arrebatadas.
PD: Cuando acabemos tu y yo, los recuerdos son míos...