Nadie interpretará tu autenticidad.

Nadie puede darte lo que tu no te das.

Cuando digo nadie, es absolutamente nadie.
Nadie te odia si no lo haces tu, por que los sentimientos ajenos no penetran un espíritu en paz consigo mismo.
Nadie te cuida si no lo haces tu, las cicatrices y las heridas son la clara señal de lo que permites como lección, el cuerpo es mágico y se reestructura, depende de ti reestructurar el alma.
Nadie te discrimina si sabes bien quien eres, que quieres y a donde te diriges; puedes encontrar actitudes antipáticas y comprender que el infierno interno de esa reacción no esta dentro de ti, si no de la persona que la emite. No te impregna si la observas, la ignoras y la dejas ir.
Nadie te impulsa si no lo haces tu.
Para todos puede existir una historia segura y cómoda, pero si no es tu historia no será segura y cómoda para ti. No puedes caminar pasos ajenos por escuchar historias ajenas, solo tu corazón sabe lo que le impulsa a latir.
Nadie te derrota si no lo haces tu. Caminar recto es perderte las curiosidades de un camino lleno de conocimiento en sus rincones. El mismo corazón es curvilíneo al palpitar, y en su vaivén sincroniza un organismo entero. Si te das por vencido, es solo una historia que te estas contando por conformismo, por que afuera de tus pensamientos hay una realidad cambiante, constante y de múltiples opciones.
Nadie te aceptara si no lo haces tu. La aceptación es un regalo emocional que te haces a ti mismo reconociendo y amando tus debilidades tanto como tus fortalezas, ambas son virtudes necesarias en la balanza del ser.
Nadie lograra tus sueños, tus metas, tus deseos, nadie caminara con tus pies ni vibrara con tu propio espíritu.
Nadie vive a través de ti o tu visión del mundo por lo tanto es imposible vivir a través de alguien y su visión del mundo.
Nadie tiene la importancia que tu no le des, por lo que nadie puede sugestionarte o comprometerte sin tu permiso.
Nadie te ama, hasta que no ames cada singular átomo de tu composición. La inconformidad es un disfraz de la inseguridad, y todo lo que desea el ego es invadirte de satisfacciones superficiales que terminan en dependencia nociva para tu integridad, creándote una imagen que jamás reemplazarán o interpretará tu autenticidad.





Y sigo aprendiendo....


Nunca me sentí amada.

Que vacío es el cuerpo aun con todos estos órganos vitales.
El amor es vital.
Hoy me siento resucitada y el amor es esa piedra filosofal de encantación.
¿Quién me amo?
No creo que nadie; pero no creo que nadie me amo, no por maldad o por falta de inspiración, mas bien creo que nadie me amo por que se amaron a si mismos ante todo...
Ahí desperté de mi letargo.
Debí amarme yo.
Creo recordar mi enorme necesidad de llamar la atención en ciertas etapas, y me tope con la vergüenza y la ridiculización por esa causa.
Esperaba reacciones, relaciones de atención como consecuencia del amor, y la única consecuencia que tuve fueron respuestas múltiples pero ninguna parecía iluminada por mi esperanza de ser abrigada por ese genuino sentimiento.
Algunos entonces (analizando mis propios actos por imitación sugestiva) reaccionaron por vanidad, por presunción, por orgullo, por fastidio. Es decir, cada personaje de importante impacto sentimental hacia mi, tuvo su propia historia en la que también fui un simple personaje.

Entonces concluyo:

Los padres piensan que te demuestran amor, pero son sus prioridades las que imperan como intermediario de ese sentimiento. Nos hacen sin saber, presas de sus prejuicios heredados y nos dictan ejercicios de conducta que son parte de sus, también herencias emocionales involuntarias. Los familiares se aman antes de amarnos siempre, pero siempre siempre, aman ser nuestro "algo" ese "algo" fantasioso de la convivencia emocional que indica favoritismo entre la consanguinidad. ¿Quién no ama ser el favorito? Entonces los actos para congraciarse con nosotros es simple pre-conocimiento de la misma herencia emocional que marca al subconsciente cuales son los ejercicios indicados para ganarnos el estima y favoritismo de algún pariente.
Entonces, como cuestión de echo se repite la dosis emocional con los amigos, quienes en mas compromiso por ser una fraternidad elegida, están apasionados por la afinidad y la complacencia.
El mejor amigo que muchas veces se dice hermano, puede hacer muchas cosas que aparentemente nacen de un acto de amor por fraternidad, sin embargo, es solo la consecuencia de los códigos sociales que se han estipulado culturalmente para la manutención de esa relación con compromisos éticos para conservar el lazo adquirido por elección carismática.
También he escuchado un sin número de ocasiones el amor incondicional de los abuelos; sin duda si es el mas parecido a lo genuino del amor, aunque con mayor experiencia y múltiples remordimientos karmicos, han experimentado la sabiduría de reconocer las situaciones y actuar como lo habrían deseado con sus propios hijos. Entonces, (muy inconscientemente) están tratando de eliminar o al menos minimizar sus propios fantasmas llamados remordimientos a través del ejercicio corregido y mejorado de su convivencia con un espíritu joven en vías de experimentar, añadiéndole conciliación y paciencia.
Ahora llega el instinto, que aparece cuando el elixir de las pasiones se despiertan en la versión física de un cuerpo avido por experimentar. Y ahí es cuando menos amada me he podido visualizar (que declaración más poderosa es la visualización) el demonio psicológico me deja claro que en cuestión de pareja al final del día no es mas que otra, si no la mas complicada rama de la infinita materia de convivencia socio cultural, y como tal, es definitivamente donde cada animalito usa el instinto de conservación (también instalado en la institución familiar según las historias adquiridas por inevitable impregnación) como le indique su medidor de pasión y placer.
Llegando a este punto de mi análisis particular por la observación en mis propias experiencias (donde ya soy un globo desinflado del día después la celebración) debo aclarar que no ha sido culpando a nadie de no amarme, ni a mi misma por no inspirar el amor, por que he estado en las distintas posiciones del mapa social y he sido esa egoísta que actuó también por prioridad.
Nunca me he sentido amada, lo digo como una absoluta realidad desde mi estomago sin mariposas después de haberlas dejado en cada situación escapar como mi interés tal cual.
Se que el amor es como un foco incandescente, es lo que es, ilumina, lamparea, acalora, aturde entre mas se enfoque pero es lo que es, es luz y como luz, puede disfrutarse pero jamás poseerse.
Y todos los personajes anteriores alegan esa posesión.
Así ha sido imposible sentirme amada.
Cuando se que los chantajes y las etiquetas no son amor, pero son estas técnicas infalibles de control mental para conseguir cierto propósito en la actitud del ser "amado", me doy cuenta que nuestra sociedad esta sentada en el control de esta sin vergüenza practica de manipulación.
Los líderes, la familia, los personajes con quienes interactuamos cotidianamente en cada etapa, en cada rama social, manipulan en distintos grados para lograr beneficios y consecuencias a su entero favor, gusto y placer.
Hablando de "practica" es consecuentemente mas practica la manipulación para la supremacía ante la sublevación, para la balanza entre el poderoso y el débil, el dominante y el sumiso, el protector y el protegido y todas las connotaciones que le damos a este duo mecanico de interacción.
Así es como reconocí lo insípida de mi esperanza por ser amada.
La realidad no es buena ni mala, es real y hay que reconocerla.
Estamos adheridos a las condiciones de una red ya establecida, y siempre que queramos desprendernos resultaremos nada elocuentes, irracionales, contradictorios a las masas que van circulando en total dependencia habitual.

Un día adopte con curiosidad y por vacío existencial un perrito, llego a mi vida por mi propia insistencia, pero jamás con la idea de descubrir nada diferente que no fuera romper con la rutina de mi entorno. Confiaba en romper el poder del dicho popular "Ni perro que le ladre" y deseaba finalizar ese estereotipo en mi historia personal. Ya no me hacia ruido la vida y quería escuchar al menos ladridos. Con sorpresa para mi conciencia emocional, después de cada ladrido me sentí amada, incondicional y genuinamente amada.