Perfectamente diferentes

La idea de ser todos compatibles es absurda cuando podemos ser perfectamente diferentes disfrutando la diversidad como un jardín lleno de miles de texturas y colores.

No somos mitades, somos un entero maravilloso, un todo y único ser impregnado de lo que permitimos.

Somos responsables de nuestra individualidad pero no tenemos poder externo en los demás.

La magia de ser únicos es estar cada uno eligiendo su presente.

La resonancia del pasado es triste cuando la cadena de historias son juicios heredados haciendo eco en este presente en forma de miedo y frustración, que nos deja actuando desde la limitación.

La zona de confort es más peligrosa que saltar al vacío. Nos convierte en seres frustrados y temerosos siempre a la defensiva de un territorio que jamás poseeremos por qué estamos de paso.

Relacionarnos con la humanidad nos deja en un lugar de poder o de pobreza según nos inspire el espíritu y se lo dejemos claro a la razón, todos crecemos y cambiamos según nuestras elecciones en cada circunstancia; afirmar (juzgar) que conocemos o sabemos la historia de alguien más es limitante, por qué sólo conocemos episodios, más no la creación constante en su espacio de vida. Exactamente como en ocasiones nos etiquetan a nosotros por un momento de convivencia que les deja un juicio eterno: ¡Qué injusto es estancarnos en tan pequeña visión!
Nos perdemos de muchos otros matices de cada ser.

Tus ojos no ven lo que ven los míos. Ni tú historia ni la mía son reales si la cuenta un extraño, por qué desde tu espacio a la distancia la descripción de tu visión es distinta, y desde mi espacio así sea en la oscuridad ¡yo soy luz!