Y un día el alma rompe el cuerpo y se echa a volar...

Se me oscureció el semblante, la muerte estaba rodeándome constantemente haciéndome sentir lo rotundo de sus pasos y la profundidad de su huella, sentía el estomago arrugado de sensaciones aleatorias dando saltos nerviosos por todo mi cuerpo. 
¿Sería ya hora de dejarme vencer? 
A la distancia estaban todos los anuncios espectaculares dándome ideas con sus frases estimulantes impregnadas de sentido emocional oculto:
¿Está harto de su realidad? anunciaba una empresa de consultoría.
¡La ruta de escape ideal! promovía una empresa turística.
La ultima decisión es la que cuenta... advertía una joyería sugiriendo anillos de compromiso. 
Deje de ver y comencé a mirar... me estaba sumergiendo en un letargo abismal de nostalgia y todo a mi alrededor me hacía perfecta sincronía.
El corazón ya no latía timbrándome el pecho como en mis momentos intensos, por el contrario, igual que mi respiración, los latidos eran imperceptibles y mi ánimo concordaba con ese adormecimiento. 
Cerré los ojos permitiendo que el peso escurriera mi cuerpo sobre el asiento y deslizando mi cabeza con total desgano en el ventanal.
Esta será la última vez que mire hacia atrás -pensé enfocando los puntos de luz y sombra que la vista dejo para mis adentros, al tiempo que mis lágrimas humectaron ligeramente mis pestañas.-
Esto era todo, para mi no había nada más, estaba clarísimo que me encontraba dentro del cuerpo equivocado en el tiempo equivocado con el entorno equivocado; tenía motivos para gritar pero odiaba las reacciones de los extraños imprudentes tanto o más que las de los conocidos. Odiaba las preguntas seguidas de repuestas necias, odiaba las conversaciones con prejuicios caprichosos, odiaba las agrupaciones con afinidades ridículas y las reglas sociales que tenían más fachada de manipulación que de orden. 
-¿De donde diablos he venido yo?- argumente con amargura recordando todos esos percances de rebeldía que uno tras otro me permitían confirmar lo lejos que estaba de "pertenecer" a ningún sitio posible dentro de cualquier estructura ya establecida. 
No abrí los ojos a pesar de estar consciente de cada sonido que me rodeaba, no intente interesarme de ninguno en particular por que de atraparme de alguno habría vuelto a la maraña de los "porques" que alimentaban mi hostilidad hacia toda forma de expresión humana.  
Reconocí entonces cada punto de mi cuerpo, sentí que me picaba una intensa comezón en el pómulo derecho y no hice el menor intento por rascarme. Imaginé que de estar muerta la comezón era lo de menos así que la ignore, dejando a mis pensamientos ir al interior de mi garganta que recién acababa de tragar saliva intentando controlar a mi reacción para no mover otro músculo capaz de complacer una nimiedad tan caprichosa de mi cuerpo en esa intensa picazón.
-No voy a complacer ningún capricho más... ¡Ninguno!- refute con toda la fiereza de mi instinto apretando los ojos que inmediatamente como irónica burla dejaron a las lágrimas caer refrescando justo el area de mi pómulo que estaba por hacerme enloquecer.
Abrí los ojos y nadie por suerte me miraba, a mi alrededor la vida seguía andando dentro de esa caja con neumáticos que paraba y avanzaba según el tráfico. 
¡Valga los caprichos!- proteste denuevo desvaneciendo la cabeza y cerrando los ojos nuevamente hasta perder el sentido en un profundo sueño.-
Llegue corriendo hasta un centro escolar y alguien me solicitó ayuda para llevarme a un niño de educación especial al evento en un gran auditorio de varios colegios, trepamos a una mini van que remolcaba un vagón que según mi subconsciente debía entregar al llegar al auditorio. Incoherentemente coherente de pronto me vi de pie frente a una piscina llena de gente y las llaves de la mini van cayeron precipitadamente al fondo del agua. Mi corazón comenzó a acelerarse y mi estómago lleno de angustia volvió a arrugarse pidiendo auxilio, todos parecían ignorar mis súplicas y entre la presión y la angustia tuve que comenzar a despojarme de la ropa para meterme a recuperar las llaves, un zapato y un calcetín salieron volando ruborizando mis mejillas al notar que tenía las piernas cubiertas de bellos como un futbolista, todo esto cuando me di cuenta que el agua comenzaba a descender lentamente y pude alcanzar las llaves con facilidad sin necesidad de sumergirme. De un brinco salte medio mojada y en la superficie mis pertenencias habían desaparecido lo mismo que a la distancia vi pasar el remolque por una colina chocando con todo lo que atravesaba a su paso, grite, grite y grite en esos mugidos ahogados en los que nadie suele escuchar cuando más lo intentas, trepe a la mini van y arranque tratando de perseguir el vagón remolque que había desaparecido ya de mi alcance cuando roce con toda la parte lateral izquierda de la mini van una reja de alambre en espinas que protegía las paredes del auditorio. Mi pulso aceleró aún más y comencé a llorar desesperadamente pidiendo auxilio para encontrar al vagón cuando reparé en que olvide al niño que originalmente debí traer a ese sitio, nadie me miraba siquiera, bajé corriendo hacia la multitud gritando desquiciada por auxilio, reclamaba el haberme comprometido a hacer algo que no estaba preparada para hacer y caí de rodillas sobre un pedregal chocando mis manos con fuerza sobre las rocas mientras lloraba en una intensidad perturbadora...
¿Estás bien?- comencé a escuchar a cierta distancia - ¡oye! ¿Estás bien?- me decía insistentemente una voz extraña al tiempo que levantaba la cabeza de un respingo volviendo a la realidad.-
Disculpa...- dije con la vergüenza mayúscula a una mujer con cara de susto que se encontraba de medio pie recargando una rodilla en el asiento contiguo- ¡tuve una pesadilla... que pena, gracias por despertarme¡- le dije casi sin voz por la garganta irritada.-
Gemías fuerte, pensé que estabas teniendo un ataque ¡que susto me has dado!- me dijo sonriendo con discreción en tono divertido.-
Me tape la cara y en un segundo también estaba por atacarme de risa. 
Estoy bien- dije entre risas y comenzamos a reír sin parar-
Ella se sentó al lado mío después de pedir permiso y sugirió hacernos mutua compañía ya que el tramo seguía siendo largo para llegar al destino del transporte y después de mi "episodio de sueño epiléptico" como ella misma le llamo, propuso mantenerme despierta por mera precaución.
 ¿Hacía donde vas?- comenzó en seguida con la encuesta que oficialmente me tenía aborrecida en el acostumbrado ejercicio de iniciar una conversación.-
...al infierno... le habría querido contestar, pero gracias a su intrépida aparición al salvarme de aquella tonta pesadilla, debía ser mínimamente amable y nada me costaba disfrazarme de sociable por las horas que restaban del viaje.
-Me estoy mudando, iré a vivir al centro de la ciudad- 
Y sucede que la realidad te enfrenta a un espejo cósmico en el que todo cuanto te rodea, tiene tal exactitud en su engranaje de vivencias; los conflictos, los atajos, las oportunidades y las emociones son canales en el fluir de la realidad. ¿hacia dónde caminar cuando se ha oscurecido?
Platicamos fluida y confortablemente, no teníamos nada en común (como todo lo que me había rodeado en mis años de existencia) pero estaba siendo interesante no predisponerme con alguien por su hermosa cualidad de desconocida. Me divertí con sus anécdotas impregnadas de espontaneidad, nunca había escuchado a alguien contar las tempestades de la vida desde dentro de un paraguas; le había llovido duro a esta mujer, y ella no se había empapado ni una gota. 
El humor le había dado alas a su larva emocional y en vez de arrastrarse como un gusano de humanidad, había echado a volar con alegría sus posibilidades infinitas cuando no teniendo nada, su actitud había sido ese todo que la sostuvo.
Me contó que había perdido un amor, un bebé y una familia que le dio la espalda, pero que jamás había estado más contenta que en este actual estado de libertad.
Me golpeó el pecho con sus palabras mientras me miraba con curiosidad, solo ella sabe cuál fue la expresión de mi cara para girarse del todo frente a mi con un gesto de condolencia. 
Me hizo rabiar, me estaba mirando ahí con toda la lastima que un ser humano podría inspirar.
Levante la mano y le afirme: 
No hagas conjeturas, un día malo es pasajero- Dije firmemente tratando de ponerme a la altura de su vibración energética.-
No lo logre.
Llore a los dos segundos y le solté sin freno ni medida: 
No ha dejado de importarme la vida, la verdad es que nunca me ha importado...- Y silencio sepulcral.-
¡La cague! -Me grite internamente. -¿Para qué le dices eso a una extraña, qué quieres por respuesta? Odias la vida, la gente, el ruido, el curso de la historia, las organizaciones sociales, el idealismo, las literaturas terapéuticas ¿y te pones a provocar un discurso adormecedor? 
Estaba todo tan claro para mi subconsciente:
Hay una sola cosa cierta en este mundo y no es la muerte, es la estupidez, porq la muerte es transformación de la materia pero la estupidez es la realidad intrínseca.
¿Y qué haces viva...?- exclamó en tono chacotero- ¡muérete! - me dijo palmeándole de frente al pecho y echo a reír a carcajadas. 
Yo evidentemente puse cara de idiota por que ella me palmeo una vez más al hombro con invitación a disfrutar del parloteo. 
Carcajeamos sinceramente, y seguimos por un rato hablando tonterías que parecían afirmar que la vida era una simpleza sin motivo de preocupación.
No estoy convencida de que la muerte signifique morir.- siguió diciendo en tono no tan serio pero más claro.- A algunos simplemente se nos da la tristeza, como cosa simple, estar triste es un estado natural del cuerpo, pero creo que en el universo hay inexplicables circunstancias, de entre todas , la más inexplicable es la necedad humana que lo lleva inevitablemente a su amargura, aislamiento y rechazó.
¿A que diantres se refería con eso de que la muerte no significa morir? Yo no suelo ser expresiva en mis palabras pero imagino que mis gestos con bastante claros en denotar los pensamientos. Ella sin detenerse seguía explicando su punto:
Yo creo que la palabra muerte no aplica tan definitivo para el que se ha ido como para el que sigue ocupando su cuerpo - afirmó así con tono certero una idea que yo no podía plantear plenamente pero tampoco me atrevía a rechazar por ser tan atractivo el pensamiento de que sin cuerpo aún hay vida.- yo si creo que esto que tú vez aquí- dijo tomando mi mano señalándose el pecho- es un vehículo como este camión que nos desechara en otro lugar una vez terminado el viaje.
¿Entonces has dicho en serio que debo morir? - le pregunte tratando de desconcertarla en sus propios términos; para mi experiencia momentánea las personas siempre están predispuestas a escuchar solo lo que les apetece. Quizá ella quería escucharme persuadida y sosegada, y yo desde hace algunas horas estaba decidida a no complacer los caprichos de nadie, así que por supuesto comencé a experimentar la turbulenta idea de no darle gusto a un hilo rompiendo por completo la madeja. 
Si te apetece- afirmó y enseguida pregunto - ¿qué piensas que encontrarás allá? - 
Suspiré largo y profundo, mire por la ventana con la esperanza de atrapar un pensamiento perspicaz que matara el sentido ventajoso de sus argumentos.
Paz- le dije entonces.
¡Ay mija! - reaccionó con un gesto de absoluto convencimiento mirando al cielo y en tono satírico continuó- si no estás en paz donde estás ahora no hay lugar donde lo estés con o sin cuerpo.
Mi estómago se pego a mi espalda, me canse de escuchar a la "gurú del sendero recorrido" y cruce los brazos en modo automático. No se a donde estaba yendo con esta conversación; yo no quería comenzar por principio de cuentas y el resultado de una petición de aislamiento al universo me había por respuesta enviado al loro sabio entre los pasajeros. 
Estoy muy confundida - atine a decir- no puedo callar una idea de mi cabeza, lo he intentado todo, meditación, escándalo, y no puedo dejar de pensar en lo trivial que es la existencia tal cual es, entonces se me van las ganas de existir y me pongo de malas con todo y con todos y...- me interrumpió con un abrazo intenso.
Me invadió totalmente con ambos brazos rodeando mi cuello y mi espalda dejándome apenas un hueco forzoso para respirar.
Yo no levante los brazos, moví los ojos curiosamente a los lados pendiente de encontrar mirones a la expectativa, pero nada, ninguno de los escasos alrededor se inmutó por un segundo.
¡Que chica más sensible! - asintió estirando los brazos tratando de ponerme en posición totalmente frontal aún con la dificultad del espacio entre los asientos - eres una entre mil, piénsate esto, es una cualidad única el especular tanto la realidad entre tanto conformista adormecido.
Según mi experiencia por observación, las personas que viven un claustro de cualquier tipo eventualmente tratarán de enclaustrar a quienes los rodean, eso es casi regla general en esta cotidianidad de compartir pensamientos. 
Alguien dice por ejemplo:
 ¡como sufro del dolor de espalda! mientras alguien más refuta, ¡agradece que es solo la espalda, a mi me duele la espalda y el cuello! Y enseguida en el maratón de quejas aparece un olímpico ganador: ¡¡¡dense de santos que es solo dolor para aspirina, yo he sufrido del cuello la espalda y la cadera a punto de paralizar¡¡¡
...Y el premio a la atención compasiva es para??? desatándose así el tóxico intercambio de remedios para la flagelación del espíritu atrapado en ese quejondrioso cuerpo. 
Pero si entre lo atractivo del drama alguien dice:
Todo es producto de sus pensamientos, ustedes estarían completamente sanos si lo desearan estar.
¡Que charlatan, ingenuo, idealista! ¿Cómo se atreve alguien a despojarnos de la auto compasión con sus ideas ilusorias de balance emocional?
Esa era exactamente mi cabeza marioneta de sus historias al instante de ver a mi ego acuchillado con argumentos que en definitiva me invitaban a despojarme del miedo a las consecuencias claras tras mis dudas en descriptiva aclaración.
No te martirices muchacha- siguió así tratando de relajar la emoción que me brotaba por los poros- no le pidas nada a la realidad hasta que no estés consciente de lo que estás dispuesta a afrontar.
Mi enfoque estaba totalmente dirigido a un capricho que en este punto había bloqueado mi congruencia y estaba ridículamente peleando con la realidad, negándome a aceptar y esa necedad me había ahogado en un espacio de llanto interno.
¿Por que estaba dándome miserias emocionales cuando lo que mis lágrimas trataban de lavar era el filtro con el que estaba viendo mi presente? 
Allí estaba mi respuesta, ella lo había descifrado con más claridad que una calculadora la tabla del cero; tenía el corazón arrugado como síntoma de manía en la que se disfrazó mi auto compasión como cereza de un pastel exponiendo toda mi pobreza espiritual.
¿Qué has hecho tú por ejemplo?- pregunte sin saber que más decir- ¿cuando has estado cansada de tu realidad, qué has hecho tú para cambiar tu vida?
Bueno cómo te he contado...- siguió diciendo regresando a su posición lateral ocupando con propiedad el asiento- cuando quiero algo, me lo pido a mí misma. Allá fuera no hay nadie que interprete mis ideas por que son solo mías, entonces nadie podrá darme eso que anhelo más que yo misma. 
¿Y funciona?- replique indagando.
Cómo te digo, dentro de ti solo vives tu, entonces tu y solo tú sabes lo que funciona para ti, nadie más. 
Apreté los puños, cerré los ojos y agache un momento la cabeza. Quería subirme a un átomo de mi cuerpo y meterme a explorar el resto de mi composición genética parte por parte. Quería hacer un reconocimiento profundo de mi interior esperando encontrarme de frente y sin temor a errar, el fallo literal para darle compostura. 
 La noche anterior sumergida en profunda nostalgia y con el cerebro lleno de ruido, abrí mi diario, para entretener mi estado ansiedad y las palabras escritas ahí años antes, estrellaron directo dandole a mi ego poder para estrellarme contra el asfalto.
Estaba instalando correctamente en mi el apego, vaciándome de autoestima para dejarle espacio a todas mis historias represivas, a los reproches, chantajes, culpas y miedos que tanto trabajo me había dado orillar en su momento. 
Leí la historia de mi visión del mundo justo después de haber vuelto del cementerio, y comencé a cavar mi propia tumba virtual.
Estoy camino a la ciudad- le confesé en voz frágil casi fúnebre- por que necesitaba morir.
¿Cuál es tu plan- me pregunto al instante- sabes exactamente como dar ese paso si aún lo necesitaras? 
¿Está bromeando; con quién exactamente estoy conversando, me puedo tragar un discurso de abdicación, pero a donde dirijo mi respuesta para semejante pregunta? 
Esta mujer no solo me estaba tomando el pelo, pero se divertía de manera casi insolente justo en mis narices.
Una amiga de la infancia se fue un día a la ciudad- relate- y alguien, en las calles peligrosas de vida nocturna la asesino...- me di cuenta de inmediato que mi tono de voz tomo un giro grave, feroz y concluí rápido- en la ciudad la muerte es común.
Entonces no quieres morir, quieres que te maten- exclamó con extrañeza- y si te escuchará sin mirarte pensaría que eres honesta, pero no te veo nada cobarde, y esperar que alguien haga por ti lo que tú no puedes, es muy cobarde.
No quiero morir como héroe- proteste.
 Eso está claro- dijo la mujer- lo curioso es que estabas buscando paz ¿no es así... entonces por qué quieres dejar una deuda pendiente?
Caramba, eso sí es verdad, y la idea de romper con los lazos es totalmente no dejar cabos sueltos. 
El camión se detuvo, la parada convencional invitaba a tomar un momento para estirar el cuerpo, tomar algún refrigerio en las tiendas de la estación antes de continuar el trayecto. Debió ser un respiro para mi evasión de flechas en tan atinada puntería del arquero que me había topado por acompañante, sin embargo para mi propia sorpresa, me acongojo imaginar si este fuera el final del trayecto dejándome con tal incertidumbre en medio de nuestra conversación singular. 
¿Tienes hambre?- me pregunto con mimo- yo no he comido el día entero ¿me acompañas a buscar algo por ahí?
Asentí de forma corporal y nos pusimos de pie en sincronía, todos los pasajeros bajaban lentamente del autobús según mi percepción y apenas tope suelo comencé a estirarme con relajación, no me había percatado de lo tensos que se habían friccionado mis músculos durante esas horas. 
Olía a fresco y estaba ligeramente nublado, yo tenía puesto un arropable jersey pero mi acompañante bajo en una camiseta ligera para el clima así que subió de inmediato a buscar entre su equipaje algo abrigador. 
Me di cuenta lo mucho que extrañaba el aroma de la comida tradicional, hacía tiempo que entre la prisa y el desgano me alimentaba de enlatados y chucherías. 
¡Que rico huele cierto? - dijo sorprendiéndome entre la difícil decisión de, tras cuál olor perseguir - venga vamos que no tenemos mucho tiempo.
Nos acercamos a la fila de un puesto con un comal gigante donde el chillido de las fritangas y el humo de las cazuelas invitaba a darse un atracón de empacho. La costumbre de una apresurada clientela corta de tiempo movía a los dependientes mecánica y apresuradamente así que no tardamos en ser atendidas y despachadas. 
Nos sentamos frente al camión para no perder de vista al chofer que, una vez subiendo, invitaría tras el a sus pasajeros para continuar el viaje.
¿Qué bien se siente viajar no te parece? - tomándome desprevenida con la boca llena en medio del comentario- es una de las cosas que disfruto más en esta vida. Viajar es como decorar una casa de distintos motivos para ser admirada finalmente.
Cuando no se puede tener lo mejor, se puede hacer lo mejor con lo que se tiene, pensé. 
Había leído algo así alguna vez en algún sitio, y luego de pasarme la vida deseando encajar de alguna forma, estaba en un extraño lugar comiendo una extraña comida y conversando con una extraña persona me sentí como en un extraño planeta siendo la extraña perfecta en vez de la perfecta extraña de siempre. Ahí estaba, y estaba... feliz.
De pronto me sentí terriblemente culpable ¿cómo podía estar feliz después de tanta tragedia? Que irónico era hacer lo que me irritaba ver que habían hecho otros cercanos míos, desinteresarse totalmente por los demás preocupándose únicamente por si mismos. 
¿Cuál es tu comida favorita?- pregunto interrumpiendo mis pensamientos-
Todas las preguntas hasta el momento eran un dilema por responder, yo no creo en el favoritismo, no puedo escoger un dulce si me gusta también lo salado, lo amargo y hasta lo ácido. La comida es una de las cosas que más agradezco en toda la creación, disfrutó la versatilidad de las regiones para proponer distintas mezclas dándole genialidad al resultado. La abundancia de un buen platillo me hace sentir en un paraíso por que si llega a gustarme con exageración siempre deseare que nunca se acabe y el hartazgo me hará eventualmente detenerme pero la satisfacción me hará atesorar la sobra para repetir con devoción la sensación. Si llegara a no gustarme de cualquier forma podría reflexionar la fórmula y guardar el resto para experimentar en el mis propias modificaciones. De cualquier forma jamás comprenderé a quien desprecia un buen recalentado o desprecia algún ingrediente en particular por su aspecto o aroma, el alimento es la experiencia por excelencia de nuestra capacidad de adaptación. 
Creo que no podría elegir- dije después de todo y en tono divertido- me gustan muchísimos platillos, puedo disfrutar muchos sabores sin reparo.
A mi me gusta el postre más que la comida-contesto ella señalando a la vitrina de atrás- creo que estoy lista para alguno de aquellos.
Fuimos de prisa ordenando lo primero que nos apetecía a la vista ya que el resto de los pasajeros comenzaron a abordar indicando que el tiempo estaba por llegar al limite y debíamos continuar. Ella pregunto por el sanitario y yo elegí subir de inmediato, habían sido unos minutos solamente en ese sitio y al trepar al autobús y visualizar desde la ventana me dio la impresión de que extrañaría por alguna razón ese preciso espacio y momento. 
Como dicen en mi pueblo - se escuchó su voz a distancia comentando con algún otro de los pasajeros que topaba - barriga llena y corazón no saltes - y varios echaron a reír alrededor de ella mientras seguía andando hacia el mismo asiento junto a mi.
Creo que debí ir al baño - comente con resignación.-
¡Vamos!- dijo ella sin chistar un momento- no es bueno quedarse con las ganas, ven pidámosle un momento al chofer.
Y jalando mi muñeca de un salto me puso en marcha. Nos disculpamos con el conductor que estaba ya en su sitio pero el sonriente y amable accedió a esperar un instante más sin presionar de ningún modo, así que me apene un poco y trate de ir con prisa. Entre en el area de tocador y alrededor perecía haber caído una lluvia de pétalos multicolores, ningún transeúnte parecía gozar de puntería así que el basurero en restos de moldes de comida, latas y servilletas rodeaba el bote designado para esa función; no pude evitar una mirada de incomodidad y entre sin mirar tratando de no enfocar mis pensamientos en esa parte de lo que hasta unos minutos antes había sido un agradable receso. Lo bueno de estar siendo acompañada era que cada detalle era tan útil como madejas en el hilo para continuar nuestra intensa charla, y enseguida aprovechó ella el comentario para formular una idea que se impregnó en mi memoria como un tatuaje.
Esto me recordó a un audio libro de Louise Hay que preguntaba...- recordó intrigada- ¿Estarías dispuesta a ir a la basura de ayer para preparar tu alimento de hoy? - e hizo una pausa quizá esperando mi respuesta en conclusión.
Yo permanecí en silencio, no podía imaginarme el infortunio de tener que recoger eras envolturas y latas despojadas a depreció para poder experimentar la sensación de degustar otra vez la delicia original como lo habría hecho con un buen recalentado.
Imagino que en la pobreza y la limitación no hay mucha elección- conteste con nostalgia evocando a muchos desafortunados en miseria e inevitablemente exclamé con vehemencia- ¡no, no creo que yo podría¡
¿Entonces...- continuó con suspicaz acento- qué crees que es la nostalgia? Si no un recogedor de desechos para el espíritu, si no ¿de qué crees que alimentas tus pensamientos, tu sentimientos y tu ser cuando vas al pasado doloroso?- aclamó con certeza.
Me llene de toda clase de emociones como un remolino que arrasa con todo desde dentro revolviendo lo más profundo todo lo que encuentra antes de dispararlo con furia.
¿Cómo me olvido de la hostilidad, el abuso, las tragedias y el despotismo de la humanidad? - vocifere con rabia saliendo al mismo tiempo del retrete- ¿Cómo perdono, olvido, ignoro, cómo? 
Por primera vez desde que comenzamos el intercambio de ideas, ella me miró inexpresiva, sin la chispa de humor ni el aire de confianza en sus argumentos. Me dirigí al lava manos y con el agua corriendo por mis manos sentí calma, mucha calma en ese pequeño silencio despojado de palabras necias y oídos sordos, agache la cara y me lave de prisa tomando un trozo de servilleta para secarme la cara, me puse de pie cerca de la puerta y apunte al estilo de un basquetbolista lanzando la servilleta directo al hueco del bote.
¡Le atine¡- dije orgullosa de mi misma al tiempo que avanzamos las dos sonriendo y acelerando el paso hacia el autobús, trepamos y el chofer no estaba, así que relajamos nuestra tensión por la demora ocupando cada una nuestro lugar.
Me imagino- dijo tras una bocanada de aire- que lo te llevas a la boca es con la intención de disfrutarlo mucho, ¿no es así?
Y yo asentí con la cabeza expresando mi total satisfacción. 
¿Entonces, por que llevar cualquier clase de basura a tu corazón...- aseveró al tiempo que cruzaba los brazos en gesto de incomprensión.- no crees que es hora de alimentarnos íntegra y sanamente, física y emocionalmente?
¿Y a como olvido mi dolor?- persistí. 
Todo cuanto existe alrededor de ti son pensamientos que eliges como en una cesta, le atinas a lanzar dentro lo que tomas conscientemente. El mundo está lleno de toda clase de emociones, donde lo saludable y lo nocivo se eligen también. 
Sentí mi cuerpo desde el peso total que lo constituye, me observe tal cual objeto inerte, inmóvil y estático desde una conciencia ligera que me balanceaba flotante frente a el. ¿Donde estaba yo en ese momento y por qué no había notado que el peso de mis emociones confundidas me anclaban a un abismo donde a cada instante iba perdiendo oxígeno y luz. Toque mis manos y las sentí dormidas, recorrí desde esta esencia mi cabello impasible, toque mi rostro, sentí mis pómulos rígidos y mis pupilas girando tratando de abrir los párpados inconscientes, llegue a la yugular donde latía en el vaivén de la existencia mi pulsación ardiente, aligere la exploración en ritmo y fui expandiendo una capa que me cubrió desde el cuello hasta la espalda, como cuando se abraza algo entrañable que se ha tenido largo tiempo lejos. 
Sentí dolor profundo entre mis piernas, y moví con suavidad los dedos de los pies intentando activar desde la raíz cada central electrónica de mi cuerpo, me reactive, la sangre recorrió sobre el empeine siguiendo inteligentemente sus conductos venéreos en todas direcciones y yo, más presente que nunca estaba atestiguando el viaje, disfrutando el recorrido desde ese palco único llamado Ser. 
 
Desperté.
Bullicio y tumulto frente a mis ojos, mi primera impresión fue intentar volverme a mi letargo. Un hombre muy amable me sostenía del cuello preguntándole a un segundo individuo hincado a la altura de mi pecho el estado de mis signos vitales. Me miró a los ojos tratando de avivarme, aunque yo aún veía borroso y rehusaba despertar.
Por encima y entre algunas cabezas curiosas vi señales de la estación, alguien detrás informaba que habían localizado mi contacto de emergencia que vendría en camino, y el hombre que me miraba a los ojos seguía tratando de hacerme reaccionar. 
¿Que era todo esto, cuánto tiempo había pasado, que estaba sucediendo? Me impulsé para sentarme y con alerta me solicitaron calma, mire alrededor y reconocí la terminal de autobuses y el andén por el que debí abordar el camión en que viajaba. 
Estaba en el punto de partida.
¿Como era que había vuelto hasta ahí?
El joven que tomaba mi pulso comenzó a relatarme con detalle que había perdido el sentido antes de abordar el camión (¡nunca fui a ningún sitio!) que tenía un cuadro de desmayo común con pérdida momentánea de la conciencia y en la reanimación se produjeron unos lapsos de alucinación. Sin embargo el pronosticaba algo sin relevancia preocupante aunque me sugería permanecer un momento más en observación mientras esperaba por mi familiar. 
No todos estamos comprometidos a responsabilizarnos de nuestra realidad, por ello es más fácil culpar a instituciones (matrimonio, religión, política, sociedad, cultura, monotonía, etc) y enredarse en el caos hasta agotar desde la médula hasta la conciencia a todo el ser que nos habita. 
Los que eligen ponerse de pie en su propio ámbito, confían, creen, crean y disfrutan sin depender de lo exterior. 
La mejor forma de ayudar a los demás es ayudándose a si mismos.
La mejor forma de relacionarnos con los demás es la adaptación, el respeto y la comprensión de que no podemos controlar el exterior, simplemente interactuar desde nuestro lado bondadoso de la conciencia y amar, conscientemente amar.