Y yo tengo derecho a equivocarme. 


Y tu tienes todo el derecho a equivocarte.


No tienes por que sentir que debes ser tragada por la tierra o desear no existir por un momento erróneo de circunstancias desastrosas.

Tú tienes derecho a equivocarte lo entiendan quienes te rodean o no. Tienes derecho a tropezar, caer y levantarte con toda la dignidad de alguien que ha aprendido una gran lección.

Tienes derecho a no hacer siempre las cosas robóticamente o bajo las expectativas de quién tampoco estará exento a cometer errores lo admita o no.

Tienes derecho a no poner a todos primero por que asumirán que siempre deben dejarte para después; entonces en el momento preciso en vez de que pese más el esfuerzo la conveniente balanza se inclina a juzgar y condenar.

Tu tienes derecho a dejar ir el momento pasado por que la vida no se estacionó en un instante solo por que los demás no saben, no quieren o no les interesa eliminar un error entre muchas (convenientemente) ignoradas virtudes. 

Tu tienes derecho a convivir sin vergüenza ni miedo ni remordimiento solo por que los demás creen que te pueden recriminar siempre lo que reflejan de su propia psicosis de enfermizo ego.

Una crisis es en verdad una puerta mágica a la evolución.

Tienes frente a ti una gran oportunidad para crecer en el proceso de aprender la realidad de un suceso del que no debes preguntarte: ¿por que pasó? si no ¿para qué pasó? Y continuar....