martes, 2 de agosto de 2022

Matando al demonio

Maestro M


Nunca supe, y usted ha muerto ya, no tuve idea de la razón de su frustración y odio para poner de pie a una criatura (por que eso era yo entonces) una criatura de 12 años que en su rebelde pubertad, aun tenía la inocencia de la niñez que no acababa de irse y la falta de guía inspiradora en una juventud que ni siquiera había llegado aun. En el momento en que su personaje vestido de verdugo, entró al salón, su energía cimbro completamente el ambiente, y frente a un grupo de alrededor de 30 niños más, convocó a mi decapitación sin haber sido informada por compasión de la razón por que la me iba a asesinar emocionalmente.

Le pregunto a todos utilizándome como carne de cañón ¿la similitud entre otra compañera de grupo y yo? que para desgracia mía,  llevaba mi mismo nombre y era hija también de otro docente. Pregunto más como un tipo de confrontación, haciendo énfasis en que, aunque nuestros nombres y paternidades fueran similares yo jamás dejaría de ser de un pueblo, jamás dejaría de ser profana, irreverente y soez. 

Utilizó un lenguaje que por años no comprendí, pero su energía me quedó muy clara, era la firme energía de una persona perversa, y las palabras que me marcaron no fueron por su significado, fueron por la determinación de hacerme pedazos, usted, un adulto cegado por no se que historia que escuchó de terceras personas sin corroborar ni hacerme partícipe de ello, mucho menos concederme un juicio justo o por lo menos coherente o responsable teniendo casi el triple de mi edad. No sentí vergüenza de mi, sentí impotencia por estar siendo cruelmente censurada y acusada de algo tan enorme que hasta el día de hoy no supe y nadie me explico cómo logre merecer eso. Solo se que fue el detonante que permitió el abuso de más de uno en adelante, fue la primera flecha que le dio permiso a los demás arqueros a disparar sin piedad; me toco ser a partir de eso el saco de boxeo de los siguientes en el tren del odio, ya con el sacramento de su anuencia. 

Tengo de esos meses en particular (antes de finalmente haber salido huyendo) las más claras muestras demoníacas de seres que fueron todo menos humanos, actitudes y circunstancias que son todo menos normales.

Cuando alguien me habla de odio, en mi memoria la primera cara en acudir es la suya, y con el tiempo ya no es una imagen la que recuerdo, es una vibración más devastadora que un movimiento telúrico, es un estado de shock en mi niñez que se vio completamente arrasada por su hostilidad. 

Han pasado tantos y tantos años, y aun trabajando con todo el ahínco no he podido del todo dejar de sentir ese hueco miserable en mis entrañas que me llevan frente a usted en ese simple instante en donde un adulto eligió ser un infame demonio y causar una de las heridas más lacerantes en una criatura que luego se convirtió en la mejor de sus alumnas y por años eligió ser exactamente ese demonio que tomó como imagen fuerte, dominante y firme, que nadie se atrevería a lastimar….

¡Eso si que resulto inspirador!

Su lección me dio la idea de autoprotección convirtiéndome exactamente en eso, que tanto me hirió y esa programación neurolinguistica es también la que me ha traído hasta este instante de empeño por limpiar, sanar y perdonar lo que imagine absolutamente imborrable y sin embargo debo eliminar o por lo menos reacomodar en mi subconsciente para poder superarlo. 

Y aun a pesar de todo ¡sobreviví!

Donde sea que la muerte lo haya enviado a usted, lo dejo libre de mi y aquí y ahora YO me dejo libre de usted…